Atracción Ilusoria:

La superficie activa el deseo.

El territorio ha desaparecido. La forma se concentra. Precisa. Pulida. Cerrada sobre sí misma. El pez ya no emerge desde la materia ni desde el paisaje. Se ofrece.
El dorado no describe cuerpo: construye apariencia. El cubo sostiene sin participar. Todo está contenido, medido, calculado.
Una esfera suspendida interrumpe la estabilidad. No ilumina: atrae. La distancia entre cuerpo y señuelo mantiene la tensión.
Nada parece violento. Nada parece excesivo. Y, sin embargo, todo está dispuesto para capturar la mirada.
En este cruce dialogo con Levine, Bickerton y Steinbach.

La forma ha dejado de transformarse.
Ahora actúa.

El pez ya no representa ni narra.
Atrae.

Nada en él es inocente.
Todo está dispuesto para capturar la mirada.

Como un señuelo suspendido,
activa el deseo
y empuja a seguir.

A seguir consumiendo.