Arte Cinético

«Faro«:

El arte en constante movimiento

Después del grito, la forma no desaparece.
Se pone en movimiento.
El arte cinético no se comprende desde un punto fijo.
Exige tiempo, desplazamiento, espera.
Aquí el pez deja de ser cuerpo para convertirse en señal.
La escultura cambia con la mirada y con el tiempo.
No se entrega de una vez: se revela en variaciones.
Como un faro, orienta sin tocar, avisa sin hablar.
El movimiento no es un recurso.
Es el sentido mismo de la obra.



Aquí la forma solo existe cuando se mueve.



El arte cinético incorporó el movimiento real, la mecánica y la interacción perceptiva como parte esencial de la obra.
El espectador ya no es un observador pasivo, sino parte activa del fenómeno visual.
La obra cambia, vibra o se transforma según la posición, la luz o el movimiento del cuerpo que la mira.
No se trata solo de lo que se ve, sino de cómo se ve y cuándo se ve.

Tras el movimiento constante, la forma comienza a pensarse como idea.