Arte Transgresor

«Devorador de sueños«:

Crítica brutal al consumo y la codicia

Tras la contención del Arte Povera, ya no bastaba con resistir: era necesario romper.
El arte transgresor no busca equilibrio, busca sacudir.
El pez ya no es frágil.
Es una advertencia.
Su forma se abre, se rompe, se vuelve amenaza.
No hay distancia estética: hay impacto.
La escultura ya no se contempla; interpela.
Nos incluye.
Porque este pez no representa la vida, sino el deseo que la devora.
Y nosotros formamos parte de ese apetito.



La forma estalla. No para agradar, sino para incomodar.



El arte transgresor no es un estilo, sino una actitud radical frente al arte, el cuerpo y la sociedad.
Provoca, rompe límites e incomoda como forma de confrontación directa con el espectador.
Los artistas citados lo inscriben en una línea de prácticas que eligieron el exceso, el riesgo y el choque como lenguaje.

Del grito al movimiento. Tras la violencia del arte transgresor, el arte no se calma: se desplaza.
El arte cinético traslada la provocación al terreno de la percepción.