

Fantasía acuática:
La cultura popular en colores vibrantes
La vibración se detiene. El pez vuelve a ser reconocible, directo, frontal. No insinúa ni oscila: se muestra.
La forma se simplifica. Se delimita con claridad. El color deja de ser tensión óptica y se convierte en superficie declarada.
Trabajo con contraste y saturación. Planos definidos. Ritmos que recuerdan al signo más que al organismo.
Nada se oculta.
El pez no se fragmenta ni gravita.
Se ofrece.
En este cruce dialogo con Oldenburg, Segal y Wesselmann.
La forma se ha afirmado. Ahora se simplifica.



