Expresionismo

«Lucha y tenacidad»:

La emoción desbordante y la distorsión expresiva

Llega un momento en el viaje en el que la luz ya no basta.
El mundo no se percibe como armonía, sino como conflicto.
En el Expresionismo la forma deja de observar y deja de vibrar.
Ahora reacciona.
El pez se tensa, se deforma, se contrae.
No busca parecerse a nada reconocible: busca decir algo que duele.
Aquí no trabajo desde la calma ni desde la contemplación.
Trabajo desde la presión, desde el gesto contenido, desde la necesidad de romper el equilibrio.
La materia ya no es soporte: es herida.



“Aquí la forma deja de describir el mundo y empieza a gritarlo.”



El Expresionismo priorizó la intensidad emocional frente a la fidelidad formal. La figura se distorsiona para transmitir estados internos como el sufrimiento, la angustia o la fragilidad humana. En este punto del camino la forma se convirtió en vehículo directo de emoción.

La forma ya no soporta la presión. Ahora necesita romperse y mirarse desde varios puntos a la vez.