

Travesía Simbólica se despliega como un recorrido a través de los lenguajes que han dado forma a la escultura moderna y contemporánea.
Su punto de partida es una figura constante —el pez— que, a lo largo del trayecto, atraviesa distintos modos de pensamiento artístico, adoptando en cada estación nuevas condiciones formales, materiales y conceptuales.
Más que ilustrar una sucesión de estilos, el proyecto propone una investigación sobre la mutación de una misma forma. El pez deja de ser únicamente una imagen reconocible para convertirse, según el momento, en cuerpo, estructura, fragmento, gesto, objeto, residuo, idea o territorio. Lo que se transforma no es solo su apariencia, sino también su estatuto dentro de la obra y su relación con el mundo.
A lo largo del recorrido, el proyecto atraviesa el momento en que el arte deja de depender de la forma y se abre a la idea, incorporando desde entonces múltiples maneras de entender la escultura.
Cada pieza establece un diálogo con un lenguaje artístico distinto, no desde la imitación, sino desde la reinterpretación escultórica. De este modo, el recorrido no reconstruye una historia académica del arte, sino que se despliega como una deriva personal y crítica a través de formas cambiantes de ver, representar y pensar la forma.
A medida que avanza la travesía, el pez se desplaza desde el ámbito de la naturaleza hacia sistemas cada vez más complejos de percepción, significado y construcción cultural. En algunas obras aparece como huella o resto; en otras desaparece como figura para convertirse en mensaje, tensión territorial o reflexión ecológica. En este proceso, la escultura deja de afirmarse únicamente como objeto y comienza a operar también como pensamiento, experiencia y reflexión sobre el presente.
En su fase final, la forma ya no busca representar ni expresar, sino operar dentro de sistemas de atracción y percepción.
Travesía Simbólica no es una cronología.
Es la bitácora de una mutación.
Bitácora de una mutación

Es un lugar de trabajo
Aquí, las formas del siglo XX no se ordenan simplemente, sino que vuelven a ponerse en juego desde mi tiempo y desde mis manos.
Lo atraviesa.
Cambia.
Se adapta. Permanece
transformándose.


Cada estación es una fricción con la siguiente.
No intento organizar una línea,
solo activo relaciones.
Las formas aquí no se ordenan en el tiempo:
se tensan entre ellas.
Recojo aquello que dialoga
con mi manera de pensar y de trabajar la materia.
No busco conclusiones.
Trabajo en abierto.
Aquí las piezas no se exhiben:
se ensayan.
Algunas fracasan,
otras resisten.
Todas permanecen en proceso.


Atraviesa el siglo
cambia sin dejar de ser.
Nada empieza desde cero.
Todo muta.
